Yo no soy como las demás presas: a mí no me importa decir por qué estoy aquí. Y no solo eso, además me declaro culpable. Me equivoqué. Lo sé. Y lo estoy pagando. Nunca imaginé cuando hice clic con el ratón la que se me venía encima. El tipo, aunque teatrero, parecía sensato. Bueno, la verdad, es que me fascinó y me dejé llevar. Tenía indicios suficientes para desconfiar pero no quise verlos, cerré los ojos y aquí estoy dando paseos por el patio, de tapia a tapia. Por su culpa.
Cuando salí de ver su obra por primera vez me sorprendieron las lágrimas de la actriz, y cuando al sábado siguiente volví y la vi de nuevo llorando como una magdalena tendría que haber desconfiado de ese director. Pero pensé que la culpa era de esa Fernanda Orazzi, pensé que los sábados serían mal día para ella. Animé a mis amigos a ver la obra y a todos les pregunté si al final la chica lloraba y todos me decían que sí, que lloraba, que lloraba mucho. Y ya tuve que suponer que la culpa era de él, pero no me lo quería creer. Incluso pregunté a mi amiga Verónica cuando me comentó que la Orazi había ido a su cumpleaños, le dije que si habia llorado y me dijo que no, que qué cosas decía, que cómo iba a llorar... Y en ese momento supe que era un impresentable. Un hombre que hace llorar a una mujer todos los días no puede ser buena persona. Y Pablo Messiez no lo era. Llevaba dos meses siguiéndole en Twitter y pagaría las consecuencias. Y aquí estoy por su culpa.
Así que aquí estoy por seguir en Twitter a un teatrero que hace llorar a las mujeres. Y lo peor de todo es que aquí no me puedo conectar y no sé ni cuantos seguidores tengo en estos momentos. Si es que me queda alguno.
